Kafka vive
Kafka vive
Kafka tenía una obsesión por la administración y su, en muchas ocasiones, absurda burocracia. Teniendo obras magnas como “El proceso” o la menos conocida pero igual de funcionariamente pesadillesca, y muy superior, “El castillo”, donde un pobre y abnegado trabajador intenta llegar a un castillo en la colina de un pueblecito para cumplir su deber, pero un sinfín de trabas burocráticas de lo más surrealistas se lo impide, convirtiendo esa meta, la de hacer su trabajo y por culpa de la burocracia, en algo casi imposible.
¿Por qué empiezo este artículo así? Sencillo. Estos días me he sentido como K., el protagonista de las novelas antes citadas. Luchando contra escollos del sistema, absurdos, y enfrentándome a funcionarios que de ninguna de las maneras quieren que se les presente al Sr. Sentido Común.
Los hechos.
Hace unos días, nuestra empresa, una sencilla SCP de dos socios, recibe una notificación de Hacienda, no encontrando nadie en la dirección de entrega el cartero deja notificación para ir a recogerla a las oficinas de correo. Hasta aquí nada extraño.
