La moraleja de la empresa “carnicera” y la empresa “ganadera”.

Había una vez, no hace mucho tiempo, cuando las vacas eran gordas y no anuncios de dietas, que existían dos empresas de servicios informáticos, ahora llamadas consultoras. La “carnicera” y la “ganadera”

La empresa “carnicera” atrapaba a sus clientes con contratos de mantenimiento muchas veces abusivos, donde pagabas por sencillamente que ella siguiera siendo tu proveedor (como si eso fuera un honor que hubiera que comprar, y no un derecho del cliente de decidir quién es tu proveedor). Hacía sus presupuestos basándose en el viento, o sea, levantar un dedo al aire y dependiendo de por donde sople el viento así cobraba. A veces cobraba antes de hacer nada con un sistema de tickets, o bolsa de horas de servicio, una manera de adelantar el dinero por un servicio aun no dado. Los contratos de prestación de servicios eran poco más que una hoja en blanco, todo lo que saliera de ahí era siempre objeto de discusión entre los responsables. En una frase, despiezaba a sus clientes hasta dejarlos en los huesos, y cuando estos ya no daban más carne se buscaba otros.

La empresa “ganadera” en caso de tener contratos de servicio era por servicios dados, explicados claramente en los contratos de servicios que eran amplios, legales y claros. Hacía los presupuestos basándose en las tarifas publicadas por ellos, claras y específicas para cada tipo de actuación. Nunca cobraba antes de hacer las cosas, solo después y cuando el cliente estaba satisfecho. Y prefería, cuando hablaba con los clientes, decirles una cosa que no les iba a gustar, pero cierta, a diez que les iba a gustar pero falsas, afianzando la confianza de los clientes en la autenticidad de sus palabras.

La empresa “carnicera” conseguía grandes beneficios en poco tiempo mientras que la “ganadera” tenía beneficios más escasos y paulatinos. En un mundo despiadado y abocado a la especulación estaba claro quién era considerada “mejor” empresa.

Pero llego el invierno económico. Los clientes huyeron de los pastos caros y se refugiaron en los valores en que confiaban, la “ganadera”. Y mientras la “carnicera” gastaba sus activos en calentarse durante el invierno, la “ganadera” junto a sus cuidados clientes sorteaban lo crudo de la crisis como podían hasta que empezaron a despuntar los tímidos primeros rayos de sol…

y tú,  ahora que planea una tercera recesión, ¿deseas que tu empresa sea “carnicera” o “ganadera”?